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7 jun 2012

El OTRO 20 de mayo

ACLARACIÓN: Las gráficas que aparecen en este trabajo han sido tomadas del álbum de 600 postalitas “Historia de Cuba”, editado en 1935, de mi colección infantil. Hemos copiado de su introducción lo siguiente: “…Las postalitas para la formación del álbum se encontrarán dentro de las cajetillas de los insuperables cigarros ovalados, redondos y superfinos de “La Corona”, y los supergruesos de “Susini”, elaborados  exclusivamente con las mejores vegas de Vuelta Abajo. - TABACALERA CUBANA, S.A…”
                                                              
No podíamos pasar por alto fecha tan definitoria como el 20 de Mayo, y comenzamos a plantearnos esta semblanza a partir de un hecho muy particular que grafica el tránsito de la nación a partir de uno de sus símbolos patrios: La bandera
Don Tomás Estrada Palma se encontraba en Estados Unidos al ser electo Presidente, y llegó a La Habana el 10 de mayo –es decir diez días antes de tomar posesión del cargo.
Ese día hace nada menos que 110 años se arrió por primera vez la enseña nacional en lo alto del Morro para dar inicio a la República de Cuba. En varias ocasiones anteriores había ocurrió algo parecido en ese lugar. Recordemos que durante un año ondeó allí la enseña británica tras la Toma de La Habana por los Ingleses en 1762, y por más de cuatro siglos, antes y después de aquella fecha, la española se mantuvo flameando sobre nuestro mancillado litoral. Era pues éste de 1902, un simbólico acto para dejar constancia mediática del cambio de poderes, en el hecho de bajar la bandera de la intervención yanqui, e izar la de la estrella solitaria, simultáneamente en tres lugares: El Palacio Presidencial, La Cabaña y el Morro.
A partir de entonces el show estadounidense se repetiría infinidad de veces en el circo de una república estigmatizada con el rabo de la Enmienda Platt colgado de su mancillado trasero.
Todavía no se había construido el Malecón habanero, y ya nuestro carnaval iba por dentro: La careta de una independencia mediatizada impuesta a la fuerza, ocultaba la sangre, el sudor, y las lágrimas derramadas en treinta años de lucha libertaria. Sobre este aspecto Máximo Gómez en su Diario de Campaña, (1-1-1899), se refiere a la humillante y también discriminatoria firma del Tratado de París sin participación cubana: “…Tan natural y grande es el disgusto y el apenamiento que se tiene en toda la isla , que apenas, y como no es realmente el Pueblo, ha podido expansionarse celebrando el triunfo de la cesación del poder de sus antiguos dominadores.(…) Tristes se han ido ellos, y tristes hemos quedado nosotros porque un poder extranjero los ha sustituido. Yo soñaba con la paz con España, y esperaba despedir con respeto a los valientes soldados españoles, con los cuales nos encontramos siempre frente a frente en los campos de batalla, pero la palabra Paz y Libertad, no debía inspirar más que amor y fraternidad, en la mañana de la concordia entre los encarnizados combatientes de la víspera. Pero los americanos han amargado con su tutela impuesta por la fuerza, la alegría de los cubanos vencedores, y no supieron endulzar la pena de los vencidos…”
Es decir que la farsa organizada tres años después ese 20 de mayo, no era más que la confirmación de su frustración.
Pero del lado de allá del Atlántico también llegaban tristes lamentos. Publicaciones españolas como “El Carbayón” de Asturias (20 de julio de 1898), también pronosticaron lo que iba a ocurrir después bajo la bota estadounidense. Veamos:
“…Tratándose de los Estados Unidos es inútil abrigar esperanzas, ellos han planteado la cuestión en una forma sencilla y clara: La bolsa o la vida; y no hay más fuerza que aceptar así el problema. Por la fuerza de las armas han conseguido muy poco, por la Paz nos han despojado de todo. (…) Ellos no buscaban más que la independencia de Cuba, pero se llevan todo lo demás; han declarado a la faz de Europa que sólo esgrimirían las armas para redimir a los cubanos, pero ahora se apoderan de todo nuestro imperio colonial, y ni aún harán a Cuba independiente...”
Como si esta opinión no bastara, otra publicación española “El Diario Asturiano de la Mañana” diría dos meses después:
“…Quédese Cuba en buena hora con sus extensos cañaverales, sus inmensos potreros, sus feraces vegas de selecto tabaco, sus inaccesibles bosques, sus pintorescos palmares, y sobre todo, con sus nuevos huéspedes erigidos en árbitros y señores, que le impondrán nuevo idioma, nueva religión, nuevas leyes, y nuevas costumbres…”
Precisamente sobre esto quisiéramos abundar, pues con motivo del Bicentenario de Aponte, y el Centenario de la Protesta de los Independientes de Color, durante todo el mes de abril, se celebraron en Cuba diversos actos  y profundos debates protagonizados por historiadores e investigadores.
El pasado viernes 18 de mayo, en los momentos en que me disponía a escribir estas descargas, tanto el diario GRANMA, como el programa de LA MESA REDONDA en TV, abordaron ampliamente esos temas.
La revuelta de los Independientes de Color fue provocada por la Ley Electoral Morúa Delgado de 1910, la cual prohibía la formación de partidos políticos por motivos de raza o religión. Ello condujo de mayo a julio de 1912 a un enfrentamiento armado en la región oriental  que pedía la derogación de la ley.
Sobre ese aspecto en las tropas mambisas primaba el principio de obtener grados no por el color, sino por el valor. Por el contrario en las tropas intervencionistas yanquis existían regimientos de blancos y regimientos de negros.
El mejor ejemplo que durante la República mediatizada  no cambio nada, o casi nada-- fue la construcción del Monumento al Maine, como homenaje al águila imperial, aquí fotografiado tras su construcción en 1925.
Si algo debemos celebrar en Cuba este 20 de Mayo, es sentirnos hombres libres y no sumisos bueyes, porque el Primero de Enero de 1959, nos quitamos para siempre el yugo Made in USA que nos humillaba. Calixto García podría desfilar hoy en Santiago de Cuba al frente a sus gloriosos veteranos sin prohibiciones imperiales. Y lo que soñó Martí, por fin se hizo realidad, porque Fidel se lo ha cumplido.
Sí, estamos de fiesta, pero distinta y diferente a la parafernalia sagüesera: En una Cuba libre y soberana. Con una gloriosa hoja de servicios. Solidarios con el resto del mundo. Invictos frente al Imperio Español, invictos en Playa Girón, invictos en Angola. Libres de analfabetismo; con una salud pública envidiable. Libres de parásitos intestinales y otros microbios, por no repetir lo de esos gusanos que siguen viviendo en el pasado. Allá ellos y su sainete del 20 de Mayo.
El nuestro es algo muy serio, y lo conmemoraremos de verdad:
Cuando nuestros Cinco Héroes Cubanos regresen a la Patria.
Cuando la ilegal prisión que mantiene el imperio en Guantánamo sea desmantelada.
Cuando ese territorio usurpado y ocupado por la ilegal base regrese a sus legítimos dueños.
En fin:
Cuando el hipócritamente edulcorado “embargo” inventado por los Estados Unidos sea puesto al desnudo, y tengan que meterse su inmoral “bloqueo” por donde mejor les quepa.

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